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Encrucijada
Escrito por Lcdo. Orlando Maldonado   
Jueves 09 de Marzo de 2017 18:55

Es, precisamente, a lo que se enfrentan los pueblos cuando sus habitantes pierden la capacidad de indignarse ante los abusos del gobierno.  Por ahí andamos en este país.

En mi carácter personal, no favorecí con mi voto a los que hoy administran lo que queda del Estado Libre Asociado.  Sin embargo, uno siempre guarda la esperanza de ver en lo nuevo algún cambio positivo.  Qué pena que solo tomó un par de semanas para que la desilusión nos arropara.  ¡Más de lo mismo!

No escuché el primer mensaje del gobernador.  Preferí el análisis "neutrar" de don Eleuterio. Es que por más importante que puedan ser las palabras del primer ejecutivo ante la difícil situación que sufre Puerto Rico, estas se hacen sal y agua ante la fanfarria y la politiquería que siempre las adornan.  Lamentablemente, el circo que montan dentro y fuera del Capitolio le resta mucha credibilidad al discurso.

De la lectura del mensaje, solo podemos decir que, por mejor buena fe que pudiera tener el gobernador, sus propuestas nos mantienen en la misma encrucijada en la que estábamos antes que juramentara su cargo.

Aumento en el costo de varios servicios públicos como el marbete (incluyendo el seguro de ACAA), reducción de las pensiones, aumento en las multas de tránsito y en los sellos de rentas internas, retasación de las propiedades, eliminación de beneficios y subsidios a los municipios y a la Universidad de Puerto Rico, son parte de la receta.  Súmele a esto que, aunque fue una promesa de campaña, al menos por ahora, no van a eliminar ni a reducir ninguno de los impuestos aprobados por la pasada administración. ¿Dónde está la diferencia?

Y mientras el gobierno se alínea con las imposiciones de la Junta Federal de Control Fiscal fastidiando a las clases más necesitadas, el ente externo gasta millones de dólares (ahora mismo, a razón de $2 millones mensuales) en contratación de expertos financieros y asesoría legal, entre otros. Que no se equivoque nadie, que no se trata de fondos federales.

El problema es que en sociedades como la nuestra los ricos son los que le imponen las condiciones de vida a los pobres.  ¿En qué le afecta a los legisladores, a los jefes de agencia o a los alcaldes un aumento de $20.00 en el marbete del automóvil?  Todos están muy bien pagados.  Ahora, hágale la misma pregunta al ciudadano común y corriente que apenas sobrevive con lo que se gana trabajando o con la mísera pensión que recibe.  Obviamente, se trata de dos caras muy distintas de una misma sociedad.

Si Puerto Rico hoy vive en una terrible encrucijada se debe principalmente a la condición colonial que aún no está resuelta (aunque los estadolibristas se nieguen a aceptarlo) y al mal manejo de los fondos públicos de las administraciones azules y rojas que se han turnado en el poder durante décadas. Esa es la razón del fracaso.  Pero para el gobierno y la Junta, solo se trata de cuadrar la caja sin importar cuánto afecta adversamente las finanzas de los trabajadores, de los pensionados y de los que dependen de ayudas gubernamentales para subsistir.  Para ellos es cuestión de números, de sumas y restas.

Quedarnos callados ante todo lo que está ocurriendo en este país no es ni será nunca la solución. Como pueblo debemos continuar protestando y haciendo resistencia ante un modelo de gobierno que excluye a la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Es nuestra obligación hacerle saber a los que administran la cosa pública que deben defender nuestros intereses en todo momento y sobre todas las cosas, porque en la medida que continúen haciendo lo contrario, jamás saldremos de la encrucijada. En el proceso identificaremos a los amigos y a los enemigos de Puerto Rico. Por cierto, en este contexto resulta más que pertinente repetir las palabras de Eduardo Galeanos: "el mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar."

 

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