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Es una tradición que al comienzo de un año todos hagamos resoluciones en diversas áreas de nuestras vidas que nos permitan establecer prioridades y metas claras que nos impulsen a lograr las mismas. Desde bajar de peso, hacer más ejercicios, leer un buen libro o saldar deudas, las resoluciones son tan variadas como lo son las necesidades individualidades.
Sin embargo, los padres de niños(as) con impedimentos deben comenzar el año con una resolución ineludible: trabajar más fuerte, en forma más intensa, con toda la determinación que el amor pueda generar para lograr mayores progresos en su niño(a) que los alcanzados en el año que terminó.
No deben permitirse el lujo de las excusas (“No tengo tiempo” o “Voy a esperar un tiempo para ver lo que pasa, si resulta lo que venimos haciendo por años”), de la procrastinación, del adjudicar culpas (es culpa del Departamento de Educación, del descalabro y la ausencia de los servicios) o de la falta de fe (“ya es tarde, no va a mejorar”)
Si la excusa es la falta de tiempo, deben establecer prioridades. El tiempo se va como agua entre los dedos y no regresa. Algún día mirarán hacia atrás, cuando tengan un joven adulto que no es capaz de valerse por sí mismo, y desearán regresar al pasado para hacer más, para invertir más esfuerzo, dinero y tiempo… pero entonces podría ser muy tarde.
La procrastinación es imperdonable. Es sentarse a esperar que llegue alguien o algo que resuelva el problema; el creerse la ilusión de que “mi papá (el abuelo del niño) dice que yo empecé a hablar a los 4 años, que no me preocupe y espere”. La preocupación no es la respuesta, sino la ocupación.
El ocuparse y mover el cielo y la tierra para ayudar a su hijo(a) debe ser la hazaña, el ministerio que lo mueva a tomar decisiones impostergables, acciones ponderadas, pero diligentes. El seguir haciendo lo mismo que viene haciendo por un tiempo considerable sin ver cambios mayores, no debe continuar este año. Es un año de buscar nuevas alternativas, terapias, y de ser necesario una nueva escuela y profesionales a los fines de sacar al niño(a) del estancamiento en donde está.
El adjudicar culpas al Departamento de Educación es válido. Semanalmente escucho historias trágicas de niños en espera de años por recibir los servicios esenciales. Sin embargo, la reacción de los padres de niños especiales no puede ser la de sentarse a esperar por los mismos. Hay mecanismos que provee la ley para estos casos (querellas, demandas), no obstante esos mismos procedimientos toman años en tribunales, años que el niño(a) no podrá recuperar jamás.
La provisión por parte de los padres de los servicios en el campo privado es más prudente, en lo que se resuelven los casos en las cortes de justicia y se solicita un re-embolso de los gastos incurridos.
“Sin fe es imposible agradar a Dios”. NUNCA es tarde mientras se está vivo. Los logros no serán los mismos que se hubiesen alcanzado si se brindara un tratamiento intensivo y adecuado durante los primeros cinco años de vida del (la) niño(a), pero, todavía, se puede lograr, no sólo un cambio, aunque sea leve, sino tener una dificultad menos, aunque sea mínima, que encienda la llama de la fe.
Que este nuevo año que apenas comienza sea uno lleno de logros impresionantes por parte de cada niño(a) especial en nuestra hermosa Isla y que en diciembre del 2010 sus padres puedan reflexionar en todos los logros alcanzados con la satisfacción de haber alcanzado una gran hazaña, de haber escalado una gran montaña y de haber domado la más terrible fiera: la inacción. ¡A trabajar con fe!
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