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Juan Ramón y su cámara sin rollo
Escrito por Duldin Meléndez   
Miércoles 06 de Noviembre de 2013 14:06

Durante esta semana estuve visitando a mi amigo de siempre Juan Ramón López. También fue mi gran maestro, ya que muchas de las cosas que me disfruto hoy día en la prensa se lo debo a este humilde caballero que por muchos años se mantuvo ayudando a todos los jovencitos cayeyanos, encaminándolos por el buen camino del deporte.

Juan Ramón López le prestó un servicio de excelencia a diferentes comunidades en Cayey promoviendo el deporte, muy en especial en los diferentes residenciales públicos.

Hoy hacemos una pausa para decir grandes cosas de Juanrra. Primero vamos a su enfermedad que lo mantiene en cama y sin prácticamente poder hablar. Fuimos a visitarlo el sábado pasado.

Todo comenzó con un mareo y la cosa se fue complicando. Luego vino un momento donde se puso agresivo y su hija Nancy junto a su mamá  batallaban día a día para poder mantenerlo estable. Meses más tarde le dio un infarto y pudo salir bien de él. Ya cuando todo parecía en calma y que Juanrra ya se comunicaba mejor y la agresividad había desaparecido vino el segundo infarto. Los resultados fueron diferentes al primero. Sus movimientos en la parte derecha de su cuerpo se vieron seriamente afectados hasta el punto que ya no puede caminar. Esta encamado y tampoco puede hablar.

Fuimos a visitarlo el pasado sábado. Me sentía intranquilo y aunque estaba acompañado de mi esposa Erika, amiga también de Juan Ramón, ya que no sabía que me iba a encontrar. Hacía varios meses que no lo veía y aunque me mantenía en comunicación con su familia, no es lo mismo. Llegué a su hogar y fui recibido por Nancy y su mamá, quienes mostraron una gran alegría.

“Ahora mismo lo están bañando y tan pronto lo pongan listo, pasas y lo saludas” dijo Nancy quien estaba acompañada por su hermana Yuki. Mi intención era hacerle una entrevista para La Cordillera. Esa era una encomienda de parte de Sharo y Eliezer, quienes por semanas me decían que lo visitara.

Alcancé llegar hasta la puerta de su cuarto. Me asomé. Miré la cama y allí estaba mi gran amigo. Me pregunté si me reconocería. Me armé de valor y di un paso al frente mientras Erika se quedaba cerca pero sin ser vista por Juan Ramón.

Cuando alcanzó a verme comenzó a llorar. Esperé varios minutos y le pregunté quién soy. Para sorpresa mía dijo mi nombre con dificultad ya que no puede hablar o por lo menos es difícil entenderlo. Se me olvidó lo de la entrevista y mucho menos tomarle una foto en esas condiciones.

Con Nancy, Yuki y Juanrra en su lecho de enfermo comenzamos a recordar las grandes hazañas de Juan Ramón en el deporte. Siempre estaba con grabadora en mano para dar a conocer a todos aquellos niños, familias enteras y deportistas en los diferentes medios del deporte. Su cámara no faltaba. Aunque muchos decían que no tenía rollo. La verdad es que vimos muchas fotos interesantes del “Inquieto Anacobedo”.

Hoy día su gran labor es elogiada por los grandes deportistas de este pueblo. Sin embargo llegó el tiempo de entregar el batón y estos deportistas que se llamaron sus amigos brillan por su ausencia. Muy pocos lo han visitado. Hoy hacen alardes porque lo van a exaltar al salón de la Fama del Deporte Cayeyano.

Estas son las últimas palabras que escuche de la voz de mi amigo Juan Ramón. Las mismas fueron expresada en un reconocimiento que le hizo la Adecay en Cayey.
“ Me alegro mucho al ver tantos niños en esta hermosa actividad. En estos momentos me siento un poco triste porque no estoy en buenas condiciones para seguir aportando, pero tengo mucha fe en los líderes que te-nemos. A la misma vez estoy muy complacido del gran trabajo que hicimos y los muchos logros que conseguimos en las diferentes comunidades y en los caseríos”, dijo con voz entrecortada, pero siempre dándole gracias a Dios por haberle dado la gran oportunidad de trabajar para el deporte”.

Su legado quedará por siempre. Montones de veces cuando estoy en la AA tomando fotos sale un fanático a viva voz y me grita “Estás como Juan Ramón, esa cámara no tiene rollo”. Es verdad ya que en estos tiempos las cámara son digitales.

Recordamos cuando le dijo a un escritor cayeyano, que era como los arbolitos de Navidad. Le pregunté qué quiso decir y rápidamente me contestó .

“Los arbolitos de Navidad tienen muchas bombillitas pero no alumbran”. Ese era Juan Ramón.

Si en verdad te consideraste su amigo, ve a verlo, él se alegrará con tu visita…

 

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