FOR CRYING OUT LOUD
Escrito por Evelyn Cruz   
Miércoles 13 de Junio de 2012 16:16

En Puerto Rico pasan cosas increíbles, se conocen, se saben y nos quedamos como retardados con la crisma en el pecho revelando nuestra asquerosa sumisión. Por eso estoy rabiosa. Todo lo que tenemos que hacer para descubrir las asquerosidades del pasado, es buscar en la computadora. Yo me acordaba de que en el año 1992, Rafael Hernández Colón mediante el Proyecto 417, derogó la Ley del 1902, que nos obligaba a aprender inglés en las escuelas de Puerto Rico. Con una serie de alharacas de poetas, escritores, novelistas, ensayistas y otra gente muy intelectual, Hernández Colón recibió felicitaciones de todas partes del mundo.

Esto, trajo a mi memoria mi asistencia a las escuelas Luis Muñoz Rivera, y Román Baldorioty De Castro y a unas maestras enseñando disparates, pero eran válidos, porque eran en inglés. A las ocho menos cuarto sonaba el timbre y nos paraban en atención en el patio de la Luis Muñoz Rivera, con la mano derecha en el pecho, para jurar fidelidad a la bandera de los Estados Unidos de América, que en aquel entonces tenía 48 estrellas. Recuerdo que cuando íbamos a decir:”one nation, indivisible under God” muchos decían “carne de lechón” porque no entendíamos que diablos era “one nation”. Nunca aprendí algebra y mucho menos geometría porque el libro azul y verde respectivamente era en inglés y Carolina Servera nuestra maestra con su “broken English” solía decirnos: “angle A equals angle B given” Que me muera si yo entiendo lo que eso quiere decir. Luego Carmen Navarro dándonos estudios sociales con el libro Citizenship nos enmorci-llaba los deberes del buen ciudadano, cuando para esa época estábamos muertos de necesidad y los pobres se robaban los guineos de las fincas de los ricos porque no tenían los dos centavos para pagar el comedor escolar. Sin embargo adoraba la clase de inglés con Carmen Santos quien usaba como texto Six Great Stories, con historias de Robert Louis Stevenson y Shakespeare, entre ellas, Treasure Island, Gareth and Lynette, Lorna Doone entre otras y Carmín era tan linda que la veíamos como una de los personajes. Ella nos enseñó que dolor de cabeza era “head eich” cuando en realidad era “eik”. La terrible intención de convertirnos en norteamericanos era tan clara que alguien, no recuerdo quien, tradujo La Borinqueña en inglés y todavía la recuerdo, pero jamás la canto. Los experimentos en la clase de ciencia eran tan terribles que al tratar de explicarlos en inglés, los términos científicos, se nos enredaban en la boca y cada disparate nos costaba una F.

Abelardo Díaz Alfaro trabajaba como Trabajador Social en la escuela Juan Dietrich Stubbe. Se reunía con Mr. Cruz, Mr. Martínez y Mr. Núñez a comentar los sucesos escolares y tal vez a darse el palo. Yo no estaba allí. De aquí surgieron en Terrazo los cuentos de Peyó Mercé alias Pedro Núñez y Santa Cló va a la Cuchilla, suceso que le ocurrió a mi padre, cuando enseñaba en el barrio Sud. Enseñando un cuento de Santa Claus, obligación que tenía para enterrar a los Reyes Magos, consiguió el traje colora’o y la barba con el gorro, para cambiarse en la letrina y presentarse en el salón diciendo :”HO...HO HO...Good morning , children”. Los jíbaritos vieron aquel viejo tan feo y creyeron que se había comido a Mr. Cruz o que lo había zumbado por el roto de la letrina. Salieron corriendo pa’l monte porque era lo mejor. La oración “es el mismo diablo jablando en americano” es creación del insigne escritor.

La habilidad para aprender idiomas no es bendición de todos. En mis tiempos de solamente un radio Zenith en una tablilla, la música que escuchábamos era rancheras mejicanas, tangos, boleros y mucha música en inglés. Yo adoro el inglés. Mis hermanas lo odiaban. Yo lo entendía a la perfección. Ellas no. Muchos estudiantes lo leían muy bien pero no tenían dominio del inglés conversacional. Pero vamos a los que vinimos. Los niños de hoy día se pasan el día escuchando música americana. Los cantantes de hoy en día hablan el inglés más cafre que ustedes pueden escuchar. Todo está matizado de palabras vulgares y ellos saben lo que significan. No hay un solo rapeo que no diga “shit” o “fuck”. Ayer mis nietas dramatizaban con una pista musical “I Have a Hangover” para enviárselo a los cientos de amigos de Facebook para que le dieran un “like”. La cantante quería emborracharse hasta vomitar y esa borrachera le fascinaba. Me sentí muy triste porque yo soñaba con que escucharan música de Mantovani, de Enya, de Il Divo. Y más me duele que cuando tenían seis y siete años si la escuchaban, pero la moda, la Gaga, el Pitbull y otros cafres de la canción me las arrebataron.

Por lo tanto, le sugiero al Secretario de Instrucción y a sus estúpidos asesores que si quieren que los estudiantes aprendan inglés, que boten a los miles de maestros que dicen yu en vez de iu y contraten a todos los raperos desempleados para que enseñen el único inglés que los estudiantes saben: el inglés del papagallo. Repiten y repiten, pero no saben que quiere decir lo que oyen. Y yo estoy segura que todo este pandemonium empezó en los años 50 cuando se instituyó en el sistema de educación el método de Charles Fries el que se recuerda muy bien: ¿What’s your name? y por ahí pa ‘arriba con un equipo incompleto ya que carecía de laboratorios donde se usaran audífonos y donde se dieran lecciones de pronunciación correcta. Por años el Departamento de Instrucción falló en instruir. Ahora se llama de Educación y no instruye, ni educa, For crying out loud...what is the problem?

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