DEMOCRACIA
Escrito por Lcdo. Orlando Maldonado   
Miércoles 30 de Mayo de 2012 18:15

Una definición literal y fundamentalista del concepto democracia afirmaría que la misma se refiere al gobierno del pueblo por el pueblo. O sea, a un sistema de gobierno en el que la soberanía del poder emana de la voluntad de los gobernados.

Si lo dejáramos hasta ahí no debería existir la menor duda de que la democracia representa la forma más perfecta de gobernar a un país. Pero no es tan sencillo.

Para los filósofos griegos, el gobierno no podía depender de unos pocos, sino de una mayoría. Si bien en nuestro caso, los gobernantes son electos mediante el voto directo del pueblo, esa llamada mayoría no siempre representa la voluntad general ni necesariamente sus decisiones son las más juiciosas, sobretodo cuando se vale de la demagogia para convencer.

Cuando un gobierno intenta eliminar o limitar derechos constitucionales que sirven para proteger a la ciudadanía contra los abusos de las autoridades, no podemos hablar de democracia.

Tampoco cuando a los funcionarios electos les salpica la desconfianza producto de un proceso amañado y lleno de irregularidades. Les pregunto, y con el permiso de los desfavorecidos, si en la sociedad “democrática” en que vivimos un pobre vale lo mismo que un rico, o un negro vale lo mismo que un blanco.

Las diferencias y el trato desigual entre unos y otros resaltan por sí solas en nuestro diario vivir.

Se supone que cuando elegimos a nuestros gobernantes lo hacemos con la esperanza de que conduzcan al país hacia un futuro mejor en todo el sentido de la palabra. Me refiero a la economía, a los derechos fundamentales de los ciudadanos y la calidad de vida.

¿De qué vale que cada cuatro años acudamos a las urnas a votar por candidatas y candidatos que no necesariamente representan nuestros mejores intereses? ¿Por qué nos vemos obligados a votar sólo porque los que corren son rojos, verdes o azules? ¿Acaso el color es lo que importa? La democracia no puede ser perfecta únicamente en su esencia original, también debe serlo en su desarrollo.

Trágicamente, la primaria en el precinto 6 de Guaynabo, representa el ejemplo más crudo de cómo se traquetea con la democracia.

Ya no basta con que los funcionarios electos democráticamente se comporten como tiranos a la hora de tomar las decisiones que afectan a la gente, ahora tenemos que soportar que ciertos intereses mezquinos manipulen el resultado de una elección para colocar marionetas en posiciones claves.

Suficiente tenemos ya con la falta de soberanía política que impide que Puerto Rico alcance su autodeterminación como la nación que realmente es (aunque algunos no quieran aceptarlo).

En el caso de Guaynabo, la tramposería del proceso ha salpicado a oficiales de seguridad y a funcionarios muy cercanos al alcalde de ese municipio. Quizás, si el candidato certificado como ganador por la Comisión tuviera un poco de dignidad, solicitaría que declaren nula la primaria y que se celebre una nueva elección entre los dos principales contendientes.

Así y sólo así se podría recuperar la confianza perdida. Pero que va, ni hay babilla, ni mucho menos voluntad. Seguro que aprovechará el camino más corto y la bendición de un ejecutivo municipal que se cree un Dios del Olimpo. No faltaba más.

En cuanto a lo que queda de nuestra democracia resulta necesario defender los principios de igualdad, libertad y soberanía que deben sustentar la misma, pues como mencioné antes, de nada valdrá el esfuerzo que hacemos cada cuatro años para elegir a los hombres y mujeres que tomarán las decisiones por nosotros, si sólo nos dejamos llevar por una cara bonita o porque pertenecen a tal o cual partido.

Usted y yo sabemos que nos merecemos mucho más que eso.