Ninguno mejor que Peruchín
Escrito por Pablo Centeno Rivera (Pablin) - centenopablin@gmail.com   

Antes de que apareciera en escena el fenómeno de Michael Jordan, en el baloncesto de la NBA, en Puerto Rico (cuando la mayoría no tenía sistema de cable TV) nuestros ídolos más destacados jugaban para el baloncesto superior local.

A veces pienso que las narraciones en la radio eran más emocionantes. En el barrio, la juventud era mayoritariamente fanáticos de los Vaqueros de Bayamón, Rubén Rodríguez y Tito Ortiz. Por el contrario, yo era simpatizante de los Piratas de Quebradillas y Raymond Dalmau.  Recuerdo que en los pasillos de la High School librábamos batallas verbales defendiendo las hazañas de nuestros héroes. El gran narrador Manuel Rivera Morales le decía “Sir” Raymond, porque Raymond era todo un gran señor, certero, y dominante en los tableros.

Sin embargo, en esta ocasión no voy a escribir sobre el famoso #17  porque semanas atrás el artista Tito Auger, director del grupo Fiel a la Vega, lo hizo magistralmente en uno de los periódicos de mayor circulación.  Recuerdo que en mi juventud el deporte rey era el béisbol, la lucha libre, y el baloncesto. Por lo que mi primer ídolo, en el béisbol, fue Orlando “Peruchín” Cepeda de los Cangrejeros de Santurce. Peruchín era el pelotero completo, jonronero, impulsador de carreras, robador de bases, y bateador de promedio. Tal y como Dalmau, Peruchín, era zambo. Aún así, con sus pies curveados, lograba correr las bases con agilidad y se desplazaba muy bien como estafador de bases.

Peruchín Cepeda

Orlando Manuel Cepeda jugaba primera base de los Cangrejeros, en Puerto Rico, y del San Francisco en las Grandes Ligas. En el 1958 fue novato del año de la Liga Nacional con un promedio de .312, 96 carreras impulsadas, 25 jonrones y 38 dobles.

En 1967 fue el Jugador Más Valioso (MVP) jugando con el St. Louis bateando .325 e impulsar 111 carreras. En marzo de 1999 fue elegido al Salón de la Fama del béisbol de Grandes Ligas. En Grandes Ligas bateo .300 en nueve temporadas, y en 8 de estas temporadas conectó, 25 jonrones o más. Hasta hoy sólo él y Clemente son los únicos puertorriqueños en el Salón de la Fama.

Siempre he sido un admirador de Peruchín, hasta por encima de Roberto Clemente. En las discusiones les decía a mis amigos que (Peruchín) era mejor porque bateaba promedio, impulsaba carreras y daba jonrones. Clemente era más un bateador de promedio y excelente defensa. A veces pienso que estaba equivocado; Clemente era Clemente. Lo cierto es que Peruchín fue mi héroe. Hasta imitaba su estilo de batear.

Sufrí cuando lo arrestaron por drogas. Fue muy triste ver a mi ídolo metido en problemas. Desde entonces decidí admirar a los atletas y modelar a Jesucristo, mi Señor.