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Entre las tetas de Cayey y Cidra
Escrito por Luis Rivera Toledo   
Jueves 06 de Julio de 2017 16:47

El Béisbol Doble AA surgió en 1939 de las entrañas del pueblo deportista puertorriqueño, pero ese torneo no se terminó (inconcluso), y en 1940  se celebra de principio a fin el Primer Campeonato de la Doble AA. Con reuniones, trabajo, sacrificio y coordinación, se prepararon reglamentos y estableció el camino de una de las expresiones más genuinas del deporte familiar puertorriqueño.

En ese entonces se jugaba los domingos, era el día de descanso en prácticamente todos los órdenes de la vida cotidiana. Y participaban trabajadores de la caña, obreros de los puertos, policías, maestros, albañiles, plomeros, el hijo del doctor, estudiantes de escuela superior o’ universidad, el del campo y del pueblo.  Cualquier ciudadano que había pulido sus destrezas en el arte del béisbol y era seleccionado para representar el equipo de su pueblo, podía jugar.

Eran años de mucha pobreza, alto analfabetismo, limitados servicios de salud, enfermedades de toda clase, miles de niños sin oportunidad de asistir a la escuela, limi-tadas actividades deportivas y la cantaleta de mentiras de que éramos un pueblo poco productivo.

 Así se nos hacía creer hacía mucho tiempo. Ejemplos sobran, en 1788 Fray Iñigo Abbad y Lasierra en su Historia geográfica, civil y política de la Isla de San Juan Bautista de Puerto Rico dice sobre los puertorriqueños, que “… el calor del clima los hace indolentes (flojos, perezosos) y desidiosos (aplatanados)”. Y en el libro INSULARISMO de Antonio S. Pedreira (1934) afirma que los “factores hereditarios y ambientales de negativa índole, hacen del puerto-rriqueño un ser carente de voluntad, incapaz de fijarse metas concretas (“una nave al garete”). Pero la voluntad de nuestra gente, deportistas, líderes cívicos, sociales y algunos líderes genuinos de la siempre dividida política, nos mantuvo luchando y echando para’lante.

En 2012 dice Pedro Carlos Lugo en su libro, “BEISBOL  DOBLE  A,  ESTA  ES LA HISTORIA, lo siguiente: “Para la época que la Doble A daba sus primeros pasos, se nos nombraba puertorriqueños y los asuntos de nuestra nación eran denominados insulares.  A nuestras delegaciones al exterior no se les llamaba equipos nacionales como se hace en nuestros tiempos, sino la selección puertorriqueña. Se utilizaba por enseña el escudo del cordero, incluso en la parte frontal o en la manga del uniforme. La bandera que se izaba en representación de Puerto Rico era la de Estados Unidos”.

El béisbol Doble A presenta el nombre del pueblo en el pecho de cada jugador y está en el corazón de los puertorriqueños como parte de su identificación y superación colectiva. Setenta y siete años  después de esa primera temporada en 1940, y con participación de cuarenta y dos (42) equipos repartidos por todo el país, dos equipos vecinos, Bravos de  Cidra y Toritos de Cayey, se enfrentan por la supremacía de la Sección.

Cayey llevando desde el año 2000, diez y siete (17) años sin ganar la Sección Central y Bravos de Cidra doce (12) años consecutivos ganando y repartiendo fuete, alzó en ese periodo, seis (6) Campeonatos Nacionales de Puerto Rico, que sumados a tres (3) que habían conseguido antes, los empató con Los Mulos de Juncos, como los máximos ganadores en la historia, con nueve (9) cada uno. El Bravo gritaba a los cuatro vientos, no importa quien fuera su adversario; “PA BRAVO YO”.

Cayey, con dos (2) Campeonatos Nacionales en 1945 y 1986, pero franquicia levantada en hombros por un pueblo que nunca se quita de apoyar su equipo, esperaba el momento para embestir. Una sequía tenía acorra-lado al Toro en la verja de la esperanza, y soñaban con poder volver a ganar el campeonato Seccional. Tenían un montón de “por poco” y las manos vacías. Sin embargo, perdiendo más de lo que ganaban, construyeron el mejor Estadio del Béisbol Doble AA en la actualidad. Y ese mismo Alcalde  en lugar de estar pavoneando y pintando del color de su partido la presentación del espectáculo, solo puso un mensaje en la pizarra electrónica del Estadio que decía; “Hermanos, hoy es noche de Compartir en Familia, ganará la amistad. Rolando Ortiz Velázquez”.

Había llegado el momento, era el sexto juego de la Serie Final Seccional, Cayey ganaba la serie tres (3) victorias por dos (2) y los Bravos se acercaban. Cuatro mil novecientos treinta y seis personas (4, 936) pagaron y sobre mil colados como yo, entramos también. Llego el ultimo out, Cayey vencía a la mayor dinastía en la historia de este béisbol. Caía un gigante del deporte, y un pueblo Bravo entregaba su Corona al nuevo Campeón. Y lo hacía luchando hasta el último momento. Nadie esperaba menos de un gran campeón.

Los Toros, su grandiosa fanaticada y su magnífica transmisión radial, ojos y pasión en la descripción de las penas y alegrías del equipo, había llegado a  lo más alto de las simbólicas “Tetas de Cayey”, regalo de la cordillera central y nombre otorgado por el propio pueblo de Puerto Rico. Maelo González, narrador de Cayey por más de cuarenta años y su amigo y comentarista Junior Lebrón, narraron el momento de la victoria desde el propio terreno donde ahora muge como Campeón, el Toro Cayeyano.

Ocho campeones se tirarán al ruedo para que solo uno levante el trofeo de Campeón Nacional de Puerto Rico.  Uno de esos serán los Toritos de Cayey, bien dirigidos por Jaime Muños y Héctor de Jesús, apoderado que recibe la ayuda de esposa, hijos y parientes como abejas defendiendo su panal. Con peloteros novatos, alguna experiencia, veteranos curtidos y doce jugadores nativos del propio pueblo, Cayey levantó su Trofeo de Campeón Seccional, y un pueblo agradecido les obsequiaba desde las repletas gradas el coro; “TORITOS AHÍ, TORITOS AHÍ”.

 

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