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Siguen Cayendo
Escrito por Lcdo. Orlando Maldonado   
Jueves 06 de Julio de 2017 16:38

La corrupción gubernamental en Puerto Rico no descansa.  Los caídos más  recientes: Ramón Orta, ex-Secretario de Recreación y Deportes y Jaime Perelló, ex-presidente de la Cámara de Representantes, ambos bajo la pasada administración del partido popular, se suman a un listado desgraciado. Para no pecar de injusto, debo señalar que les cobija la presunción de inocencia.

Los casos de corrupción se han convertido en parte integral del diario vivir en la Isla del Encanto.  No obs-tante, y a pesar que Juan del Pueblo ya los ve como algo normal  que no causa gran sorpresa ni lamentaciones, el problema de la tramposería y el amiguismo en las esferas del gobierno escribe páginas muy negras en la historia política de este país y sobre todo, genera mucha desconfianza y cuando un pueblo deja de confiar en sus gobernantes, el fracaso siempre estará a la vuelta de la esquina.

En términos generales, el traqueteo por el que acusaron al señor Orta y a otros personas, un caso que parece sacado de una película detectivesca, consistía esencialmente en desviar fondos de la agencia para beneficio personal de los imputados.  A Perelló le radicaron varios cargos, entre estos, malversación de fondos públicos y violación a la Ley de Etica Gubernamental. Es una historia que se repite. El cáncer de la corrup-ción se ha llevado por el medio a legisladores y alcaldes de los dos partidos principales. Por mencionar algunos, Jorge de Castro Font (ppd-pnp), Edison Misla Aldarondo (pnp), José Granados Navedo (pnp); Mariano Ríos (ppd); Joaquín Peña Peña (ppd); Rubén Caro (pnp-Rincón ); Juan Rodríguez Santana (ppd-Humacao); Angel “Buzo” Rodríguez (pnp-Toa Alta); Egdar Santana (pnp-Vega Baja); Francisco Javier Rivera (ppd-Hormigueros); Wilson Soto (pnp-Cataño ); Sol Luis Fontanes (ppd-Barceloneta); Bernardo Negrón (pnp-Villalba); Eduard Rivera (ppd-Río Grande). Y siga usted contando.

La corrupción es muy costosa y afecta la ya maltrecha calidad de vida de los puertorriqueños, por lo que la respuesta colectiva no puede ser la de la indiferencia, muchos menos la del “quítate tu pa’ ponerme yo”.  Debemos exigir al cabro que está velando a la lechugas (quiero decir, a los que gobiernan) que se pongan para su número, se dejen de tonterías y al igual que los federales, utilicen todos los recursos a su alcance recursos para que cuando se lean los archivos de la lucha contra la corrupción podamos encontrar algunas páginas en las que el gobierno de Puerto Rico tuvo una participación activa en la investigación y convicción de los acusados.

Pero para combatir la corrupción de manera efectiva debe desarrollarse un esfuerzo conjunto entre pueblo y gobierno. Habiendo identificado las causas principales de la “enfermedad”, a saber, el lucro personal y el abuso del poder, es menester hacer causa común con los que dirigen la cosa pública y hacerles entender, por un lado, que sus acciones corruptas tienen consecuencias negativas en la vida de la gente y por el otro, que ya es hora de generar una respuesta adecuada para enfrentar el problema sin más demora. Para nuestra mala fortuna, los casos de corrupción siguen contándose y ni siquiera con la intervención de los federales parece que veremos una pausa, al menos a corto plazo.

Colin Powell, ex-Secretario de Estado de los Estados Unidos, dijo una vez que “no es bueno que tu cargo público y tu ego estén muy juntos, porque cuando el uno caiga, caerá el otro”. Tenía más razón que el cará.

 

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