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El Poder del Mundo Invisible
Escrito por Pablo “Pablin” Centeno Rivera   
Jueves 06 de Julio de 2017 16:36

Recientemente escuchaba al predicador hablar del término o la importancia de proteger nuestro cuerpo con defensas especiales para evitar que fuerzas enemigas puedan penetrar con intenciones destructivas. La Biblia dice, en 1ra de Corintios 6:19, “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos”?.

Siendo nuestro cuerpo de Dios se hace preciso, necesario, construir buenas defensas para evitar que fuerzas contrarias dañen o mutilen nuestra relación con Dios. Dichas defensas se nutren de la oración, el ayuno, visitas a la iglesia y un buen comportamiento o testimonio de nuestras acciones.  De la misma manera que debemos cuidar nuestro cuerpo invisible, espiritual, estamos llamados a proteger nuestra tierra, nuestra patria, nuestra herencia. ¿Cómo lo vamos a hacer? Cultivando valores, resaltando nuestra cultura, estudiando la historia de nuestros antepasados, y dándole  valor al sentir puertorriqueño como nación por derecho propio.

Diría que prácticamente todos los seres humanos invocamos a Dios como fuerza sobrehumana para enfrentar alguna situación que nos resulta difícil resolver.  Es pues la fe y la esperanza fuerza viva que inspira la búsqueda del poder invisible que levanta y despierta un muro de posibilidades. ¿Cómo Mónica Puig pudo ganar la medalla de oro, en Brasil, en tennis sino estaba clasificada entre las favoritas? ¿Qué fuerza inspiradora invisible estuvo presente en el pasado mundial de béisbol cuando el equipo rubio de Puerto Rico logró tantas victorias y estuvo a punto de ganar el torneo?  ¿Cuántas veces hemos superado miedos, dificultades y problemas confiando en nuestras capacidades y poniéndolas delante de Dios como fuerza viva dentro de la invisibilidad?  El mundo invisible es tan real y verdadero como el mundo visible.

Son fuerzas que nacen de las entretelas, sentimientos más íntimos, de los corazones boricuas que a su vez provocan energía, disposición, fortaleza como muro invisible que rompe barreras y como muro de contención protegen la dignidad de la patria en la que vimos luz por vez primera.  “Cuando salí de Collores, fue en una jaquita baya, por un sendero entre mayas, arropás de cundiamores. Adiós malezas y flores de la barranca del río, y mis noches del bohío y aquella apacible calma, y los viejos de mi alma y los hermanitos míos”.  Luis Llorens Torres.  Cantos jíbaros que nacen de las entrañas y las vivencias de nuestros campos y ciudades.  Es un “loco amor” que se tiene por lo patrio, fuerza invisible que protege nuestro himno, cultura y linaje de todo enemigo, interno o externo, que procura romper ese lazo invisible que nos hace únicos y definibles.  Somos los que decimos “ay bendito”, los que comemos “cuchifritos”.

Y ante toda mala noticia, que en estos días aparecen en retrajila, como fila india, el pueblo reacciona con más energía resistiendo los embates de los que han traicionado su confianza a la vez que juzga las decisiones de la Junta de Control Fiscal sin la atadura que tienen los políticos por miedo o por interés.  Es la fuerza invisi-ble que en el mundo cristiano conocemos como el Espíritu Santo, que sin duda viene de Dios, la que obra para bien, invocada en estos momentos para salvar a Puerto Rico de su crisis económica, valores y principios morales.  Como pueblo de Dios debemos estar tranquilos, confiados, haciendo lo que cada uno debe de hacer para levantar muros que protejan nuestro pueblo y su identidad. Que nadie tenga miedo.  Dios da, Dios quita, Dios dispone.  Eso sí no podemos andar “eñangotaos”.

 

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