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Pedro Meléndez “El hombre de la piedrita”
Escrito por Duldin Meléndez   
Miércoles 19 de Abril de 2017 18:28

Una de mis grandes experiencias en la vida, y que marcó grandemente mi futuro, fue mi encuentro con un maravilloso ser humano a quien le pedí un momento para conversar. Todo comenzó con una llamada. Le pregunte si tenía el tiempo para hablar conmigo ya que no me sentía bien y necesitaba desahogarme con alguien.

Recuerdo que me dijo que estaba muy ocupado ya que tenía varias reuniones. Le dije que para mí era importante y que si me podía ayudar.

Me preguntó ¿dónde estás? Y le indiqué que estaba en mi hogar.

“Ahora mismo tengo una reunión, pero voy a suspenderla para que vengas de inmediato y nos sentemos a hablar, así que te espero”.

Estas eran palabras de un gran amigo. El Director Ejecutivo del Sistema de Salud Menonita, Pedro Meléndez aceptó recibirme. Suspendió sus reuniones para atender un amigo.

Llegué a su oficina y nos sentamos a conversar un rato largo. Fue una conversación tranquila y amigable en la que pude decirle todas mis preocupaciones y ya con lágrimas en los ojos le indiqué en medio de un profundo respeto que mi situación se estaba poniendo fuera de control.

La ocasión había que aprovecharla. No todo el tiempo uno encuentra una mano amiga que quiera escuchar tus problemas.

Luego de algunas lágrimas mientras escuchaba a mi amigo comencé a sentirme mejor con los sabios consejos de mi amigo. Ya la carga era menos pesada.

Sabe Dios, que tenía para mí.

Lo más importante es el amor a Dios. Que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas sino a quien tienen en sus vidas. Yo tenía a Dios y a mi amigo Pedro Meléndez.

Mi situación económica no era lo mejor. He trabajado mucho en mi vida y no quería tocar fondo. Muchas preocupaciones de momento y comencé a darle valor a cosas sin importancia olvidándome de mis principios cristianos. Sabía que tenía que controlar mis actitudes.

Pedro paró al notar mi cara llena de nuevas preguntas. Quedamos de continuar la conversación más tarde. Se levantó de su silla, dio una vuelta por la oficina y regreso donde yo estaba sentado. Metió su mano en el bolsillo y sacó una piedrita.

“En esta piedrita esta la solución a todos tus problemas”. Ahora sí que me perdí. No entendía para nada el valor de aquella piedrita y le pregunté ¿qué hago con ella?

Se sentó nuevamente y mirándome fijamente me dijo, “de ahora en adelante cárgala esta piedrita en tu bolsillo. Siempre que metas tus manos en el bolsillo y toques la piedrita le darás gracias a Dios por lo que tienes, por tu familia, amigos, vecinos, por todos aquellos que te vengan en mente. Donde quiera que vayas carga con tu piedrita. Nunca la dejes y asegúrate que está contigo. Muchas veces no le damos gracias a Dios y para eso es esta piedrita, para acercarte más a Dios. Pon todas tus preocupaciones en esta piedrita y Dios te llenará de bendiciones”.

Me acerqué a la puerta de la salida, le di un abrazo y toque la piedrita y di gracias a Dios por haberme permitido conocer a este gran hombre. Ahora miraba las cosas desde otro punto de vista, teniendo a Dios por delante siempre.

Desde ese momento soy un hombre diferente. Se aprende a vivir con lo que se tiene y a compartir con los más necesitados.

Luego de varias semanas mi vida comenzó a cambiar y grandes bendiciones se derramaron sobre mi familia. Y llegó el momento de compartir con otros mis grandes experiencias con mi piedrita.

Fui a visitar a un amigo a su negocio y entregarle una factura por varios anuncios en mi revista. Lo encontré afligido y sus ojos lagrimosos. Rápidamente le pregunté si quería hablar sobre la situación.

Me contestó. “Acabo de venir del médico y me dijo que tenía cáncer en la próstata. Duldin, apenas tengo 35 años, mi esposa es joven y tenemos un hijo. No quiero perder a mi familia. Ahora mismo no sé si operarme. Esto me sucede ahora que estoy en mi mejor momento, mi negocio echando para adelante y mi familia más sólida que nunca. No sé qué hacer”.

Se le salieron algunas lágrimas y me dio mucha pena verlo de esa manera. De inmediato me acordé de aquella vivencia con Pedro Meléndez y su piedrita y como cambio mi vida.

Le dije a mi amigo. Te voy a regalar mi piedrita, y con mucha fe le dije ella cambiará tu vida. Le expliqué los detalles de la piedrita y rápidamente la echó en su bolsillo y le dije la próxima vez que nos veamos espero que la tenga contigo. Me marché a buscar otra piedrita.

Dos meses más tarde fui a visitarlo para ver cómo estaba todo con la facturación de los anuncios. Cuando entre por la puerta del negocio me encontré con un hombre diferente. Estaba lleno de energía y con una alegría contagiosa.

Le pregunté donde estaba su piedrita y me dijo que no la tenía pero que tenía que contarme algo.

“Desde el primer momento en que recibí tu piedrita, no paraba de darle gracias a Dios por todo lo que tenía y le entregué mi enfermedad. ¿Sabes qué? Dios me sanó. Ya no tengo cáncer. La piedrita que me regalaste la tiene otro amigo con un caso idéntico al mío. Por eso es que no la tengo. Pero esta misma semana consigo otra”.
 Salí del negocio dando gracias a Dios por permitirme ayudar y contar con un gran amigo, El hombre de la piedrita, Pedro Meléndez.

 

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