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El Juicio de Jesús
Escrito por Lcdo. Jorge Manuel Díaz Rodríguez   
Miércoles 12 de Abril de 2017 15:39

El caso judicial de Jesús presenta un conflicto de jurisdicciones. Por un lado está el Sanedrín, órgano de gobierno judío durante la dominación romana. No era un órgano autónomo, pues permanecía bajo el control de los gobernadores romanos. Si se producía una condena a muerte de un reo, la sentencia no podía aplicarse sin la previa autorización del gobernador romano.

Su composición era de 71 miembros, divididos en tres grupos: senadores (pertenecían casi todos a la clase más pudiente), sumos sacerdotes (en su mayoría eran saduceos) y letrados o maestros de la ley (en su mayor parte fariseos). El Sanedrín lo presidía un sumo sa-cerdote.

En el panorama también están los saduceos. Se considera que los saduceos negaban la inmortalidad del alma y la resurrección y la existencia de espíritus o ángeles. Se dice que este grupo ha rechazado todas las celebraciones judías no explícitamente enseñada en la ley del pentateuco (primeros 5 libros del viejo testamento).  Otro grupo presente en el juicio de Jesús fueron los fariseos.

Estos creían en la libertad humana. Pensaban que ciertamente el destino influía en los hombres, pero éstos no eran juguetes en sus manos. De hecho, podían decidir qué hacer con su vida, y creían en la inmortalidad del alma. No todo acababa con la muerte, sino que las almas seguían viviendo. Además creían en un castigo y una recompensa eterna.

Las almas de los malos eran confinadas en el infierno a recibir su castigo, mientras que las de los buenos eran premiadas. Firmemente creían en la resurrección. Las almas de los buenos recibirían un nuevo cuerpo. No se trataba de una sucesión de cuerpos humanos mortales como sucede en las diversas visiones de la reencarnación, sino de un cuerpo para toda la eternidad.

No podía faltar la presencia de los escribas, los cuales eran hombres que copiaban la ley y otros libros de las escrituras. Se trataba de un hombre que era hábil para enseñar e interpretar la Biblia. En el sentido moderno, tal persona se podría llamar teólogo o erudito en religión. ¿Cómo fue el proceso del arresto de Jesús? Una persona podía ser arrestada solamente si se le capturaba en el momento que cometía el delito.

Al ser arrestado, Jesús reclamó de manera liviana por la hora avanzada, por la oscuridad e incluso por el lugar de detención. Esto no fue una defensa, fue una muestra de conocimiento. No hubiera sido difícil plantear que el arresto no fue conforme a derecho. Tanto en aquella época como en esta se pudo haber demostrado que se trató de un arresto ilegal. Jesús se enfrentó a duplicidad de juicios y procesos.

El juicio religioso consistía en una imputación de carácter religioso la cual fue levantada por los sacerdotes, fariseos, escribas y saduceos. El delito imputado fue blasfemia, por haberse autodenominado hijo de Dios. Los enemigos de Jesús no eran tontos, eran enemigos. El juicio político buscaba constituir el delito de sedición contra el imperio.

Este delito se definía como un alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión o sea sin que se lleve a cabo lo planificado. Con esto los judíos buscaban ratificar la pena de muerte, quitarle el título de Mesías o Libertador y congraciarse con Roma.

Para probar su caso utilizaron testigos falsos que dijeron que Jesús estaba en contra del pago del tributo al César, lo cual chocaba con “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Hay que recordar que el domingo de pascua la multitud coreaba “hosanna”, lo cual quiere decir: “Libéranos te lo rogamos”. Eso podía haber creado temor de sublevación en romanos (poco) y en la aristocracia judía (mucho, ya que perdían control total).

El asunto de la jurisdicción romana, ¿Herodes o Pilatos?, resultó ser un dolor de cabeza. Pilatos al percatarse que Jesús era galileo, se zapateó y huyó de la responsabilidad de juzgar a Jesús y ¿qué hizo? Se lavó las manos por primera vez y dice que quien tiene competencia es Herodes, el cual como el sanguinario que era, pudo haber decretado la muerte de Jesús, tal como decapitó a Juan el Bautista.

Herodes llegó a pensar que Jesús era Elías reencarnado o Juan el Bautista resucitado. Podía haber de por medio cierto miedo o cuidado. Poncio Pilatos, contra su voluntad, nuevamente le corresponde ver el caso de Jesús, lo encuentra inocente, pero para calmar los ánimos, decreta que sea azotado. Hoy día no hay manera que si usted es exculpado, sea castigado.

En aquel tiempo la acción de Pilatos sólo se justificaba por el poder de Roma como imperio sobre los judíos. Pilatos al recibir presión de la aristocracia, escribas, saduceos y fariseos, se lava las manos nuevamente y recurre al plebiscito. Por un lado la pena de muerte que viene desde el Sanedrín, y por otro lado la pena de flagelamiento (azotes), que viene de Pilatos.

Ni en aquel momento ni hoy día el doble castigo era conforme a la ley. Pilatos no quería que sobre sus manos pudiera caer la muerte de un inocente. Se aprovechó de la pascua para colocar a Jesús y sus dos supuestos delitos vs. Barrabás y su extenso listado de delitos, incluyendo asesinatos. La Sentencia, había dos maneras de ejecutarla, apedreamiento o crucifixión, la cual fue la escogida por el populacho.

El derecho romano permitía la apelación o impugnar, lo cual sería revisado en última instancia por el César. Sólo podían apelar los ciudadanos romanos, y Jesús era súbdito colonizado, no era romano. Conforme al plan del abogado y los hombres Jesús fue sometido en forma arbitraria a un arresto por delitos no comprobados y a un juicio sumario y con falsos testigos de cargo.

Poncio Pilatos tuvo hasta tres oportunidades para absolverlo, pero cedió ante la presión de la casta religiosa judía. Hoy día se podía hablar que Jesús tuvo una doble exposición (Double Jeopardy). Aún en el derecho romano la doble exposición era favorable a cualquier planteamiento a favor de Jesús.

Ante ese planteamiento Jesús hubiera sido exculpado. El Sanedrín no contaba con todos sus miembros presentes al verse el caso, y la ley judía exigía la presencia de todos. El juicio judío tenía que ser de día, y fue en la madrugada, no hubo un juicio justo, no hubo una defensa adecuada, no hubo protección a la autoincriminación. En el Sanedrín los fariseos y herodianos enviaron espías a Jesús para condenarlo a muerte por motivos políticos.

Jesús fue sometido a un interrogatorio en tres instancias religiosas Anás (sumo sacerdote saliente), Caifás (sumo sacerdote entrante) y el Sanedrín. Pero llegó la pregunta que separaba a los niños de los adultos; ¿Eres tú el Cristo, el hijo de Dios? Lo soy, contestó Jesús. Esa contestación marcó la diferencia entre ser inocente o ser culpable en aquel juicio.

Esta contestación marcó la diferencia entre la vida y la muerte física de aquel hombre que se llama Jesús. También marco la diferencia entre la vida eterna y la muerte eterna. Le imputaron blasfemia a través de una evidencia producida por el mismo Jesús. Jesús contestó con toda la intención y claro conocimiento de la consecuencia de lo que estaba contestando.

Si Jesús callaba no había evidencia en su contra, pero usted y yo no hubiéramos sido dignos de salvación. De manera intencional y con propósito de cumplimiento profético Jesús permitió ser crucificado. Creyeron matar al ser humano que era Jesús, pero su muerte se convirtió en vida. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda más tenga vida eterna.”

 

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