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Un vistazo a la vida de Jesús “Chito” Rodríguez
Escrito por Ana Delia Rodríguez   
Miércoles 15 de Marzo de 2017 19:58

Vino al mundo un 13 de abril de 1919, y se fue a morar con el Señor un 10 de mayo de 1998. Su escenario de vida estuvo plasmado con elementos característicos de la obra cotidiana del quehacer jíbaro. El surco, el arado, el cultivo de la tierra y sobre todo la casta de gallos de pelea. En tres ocasiones fue seleccionado “Castador del año”, en la década del 70.

El despertar de cada día estaba regido por el canto de sus gallos. Parecía que el batey de nuestra casa estaba sembrado de pollos y gallos que alegremente se reunían para alimentarse de un maíz recién desgranado, producto de su cultivo. Jesús “Chito” fue nuestro padre. Junto a Natividad García procreo 13 hijos, de un panorama de una vida simple, fructífera y plena.

Cada mañana, machete en mano, se abría paso entre la maleza, empapándose con el rocío mañanero, sin tregüa, para labrar la tierra; ejemplificando cabalmente al jíbaro puertorriqueño. Su estilo de vida revelaba el inmenso amor que sentía por su familia. Los domingos, bien temprano, mataba una gallina y todos juntos saboreábamos un delicioso caldo, luego se marchaba junto a sus hijos varones y sus yernos a jugar el gallo que había preparado con la ilusión  de lograr obtener la mejor pelea del día.

Le gustaba entonar coplas jocosas, alusivas a la realidad existente. Tenía particular simpatía por los más necesitados. Como todo jíbaro se regía por el código de compartir con sus vecinos lo poco que poseía. De esta manera, con su buen ejemplo nos nutría con la vertiente del amor, la solidaridad y la unión.

Nos enseñó a reunirnos para celebrar en familia cualquier acontecimiento. Él se convertía en el protagonista de las fiestas porque tocaba guitarra y cuatro, cantaba y siempre nos sorprendía con algo gracioso.
En momentos de dolor, asomaba una lágrima en su rostro y siempre encontraba la palabra adecuada, el donativo sincero, el regaño a tiempo, el sabio consejo.

Compartió su, “deporte de los caballeros a cabalidad”. En cada gallera que visitaba dejaba el legado de la amistad. Recibió muchos premios junto al Dr. Vilaró y el Sr. Leroy Vela, Sr. Marcelino Borges, el Dr. Juan de los Santos, Lic. Bill Graffan, Ing. Rafy Hernández, el Sr. Marcano, y muchos otros amigos que compraban sus gallos.

Hoy día, su legado queda en manos de sus hijos Hiram, Efraín, Antonio, Ramón y Manuel. Este jibarito cumplió su misión de atesorar nuestra cultura, al igual que otros campesinos con respeto, humildad, y la verdad como su guía. La línea de gallos que desarrolló está latente en cada pollo que hace honor a su legado en cada pelea. “Chito” vive en todos nosotros. Nuestro viejo, nuestro orgullo.

 

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