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Como están las cosas
Escrito por Lcdo. Orlando Maldonado   
Miércoles 15 de Marzo de 2017 19:44

Felicitar a las mujeres en su semana no es suficiente para honrar a esos seres tan especiales que nos ha regalado la vida. Como abuelas, madres, hijas, hermanas, compañeras, trabajadoras y luchadoras que son, merecen mucho, pero mucho más. Merecen respeto, apoyo incondicional, solidaridad y protección.

Conmemorar el Día Internacional de la Mujer sin protestar o condenar por hacerlo a las cientos de féminas que se tiraron a la calle a reclamar sus derechos y denunciar el discrimen que sufren, es darle la espalda a la realidad, es minimizar la importancia de ellas en la sociedad.

El origen oficial del Día Internacional de la Mujer se remonta al 1910, cuando en un Congreso de Mujeres Socialistas celebra-do en la capital de Dinamarca, se aprobó que sería el 8 de marzo el día en que se conmemorara, a modo de homenaje, a todas las mujeres trabajadoras que estando organizadas, pusieron en marcha las primeras acciones contra la explotación capitalista.  Es menester reconocerle sus luchas por la igualdad, por la erradicación de la violencia en su contra y por la superación de tantos prejuicios que rodean su existencia.

Este año en Puerto Rico, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer se enmarcó dentro de un ambiente turbulento en el que se desarrollan otras luchas sociales y en el que han ocurrido incidentes muy desagradables que obligan a la reflexión. En primer lugar, las querellas por abuso y hostigamiento sexual contra el alcalde de Guaynabo, Héctor O'neill, ponen en serias dudas la integridad de este poderoso alcalde estadista.

Pero más allá de la suerte que corra el funcionario (espero que el asunto se lleve hasta las últimas consecuencias), preocupa por demás la violencia de género que sigue acosando a nuestras mujeres. Y mientras el primer ejecutivo de Guaynabo "City", aferrado a su posición, se muestra con actitud prepotente ante las querellas en su contra, las agencias de gobierno encargadas de procesar estos casos, por el momento, no han radicado acusaciones formales y el gobernador, aunque al principio del escándalo solicitó la renuncia inmediata del funcionario, luego suavizó su reclamo y dejó en manos del proceso su futuro.

Como mencioné anteriormente, este caso obliga a una reflexión profunda de parte de las agencias gubernamentales para que adopten las medidas necesarias para evitar esas conductas aberrantes. De nada valdría que el gobernador reconozca la valiosa aportación de las mujeres en la administración pública si se convierte en cómplice silencioso de los abusos que se cometen contra ellas en el entorno de su trabajo.

Por otro lado, en un nuevo episodio de la "guerra" entre el gobierno de Puerto Rico y la Junta Federal de Control Fiscal, esta última rechazó certificar el plan  presentado por el grupo de trabajo comandado por el gobernador, alegando que no cumple con lo requerido por la Ley PROMESA y tampoco cuadra el presupuesto en el término de dos años.

Pero la Junta no se quedó ahí, sino que amargó más su receta, exigiendo que los recortes en la Universidad de Puerto Rico aumenten de $300 a $450 millones y que se reduzca la jornada laboral de los empleados públicos. Da la impresión que los representantes de los dos bandos caminan por senderos que no se cruzan, surgiendo discrepancias que al momento parecen insalvables. El gobernador, por su parte, ha dicho que está dispuesto a enmendar el plan presentado, pero sólo si es de beneficio para el país.

No sé, pero viendo que la Junta lo que pretende son recortes y más recortes, sin abonar nada o muy poco a una estrategia de desarrollo económico para el país y que el gobierno se niega continuamente a aceptar las recomendaciones y sigue gastando más de lo que recibe, creo que será difícil que las partes lleguen a un acuerdo satisfactorio a corto plazo. ¡Como están las cosas!

 

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