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19 de junio de 2008 | Edición 624 |
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Aquellos que tenemos más de cuarenta, podemos recordar aquel famoso tango cantado por Carlos Gardel, y Hugo del Carril, donde uno de sus versos decía: - “Qué veinte años no es nada”- El romance melodioso nos hacía entristecer en cierta medida, porque nos llevaba a la regresión, como nos tienen acostumbrados la mayor parte de los poemas y las canciones románticas. Sin embargo; para muchos seres humanos, ni veinte, ni treinta, ni aún sesenta significan nada, porque viven en un vacío lleno de nimiedades. Para nosotros es una trayectoria inmensa. Es jocoso escucharnos decir, que veinte años no son nada y cuarenta son menos. Una simple contradicción que nos permite reír a mandíbula batiente como regocijo a la superación que hemos logrado en nuestras vidas.
La década del 60 fue una época convulsa y nosotros, La Clase graduada del 1968, fuimos parte de ese momento histórico. Partícipes activos del desarrollo de la historia, motivados hacia el estudio, el trabajo y la superación, hoy recordamos con alegría como avanzamos positivamente en los momentos en que la sociedad atravesaba por dolores de parto. Proveníamos de todos los rincones de Cidra, hijos de trabajadores y trabajadoras humildes que veían la escuela como el medio para que sus hijos alcanzaran nuevos horizontes. No los defraudamos y sintieron el orgullo del deber cumplido.
Por esa y muchas razones nos reencontramos con alegría desbordante en nuestros aniversarios. Como estudiantes también sufrimos muchas de las penurias que parecen no corregirse nunca, Hace cuarenta años, el espacio para acomodar a todos los estudiantes no era suficiente. Nuestra clase quedó dividida en dos: una parte tomaba sus clases en la Escuela Jesús T Piñero y la otra parte en la Escuela Luis Muñoz Iglesias, que en esos momentos era nueva para el sistema y vieja para las necesidades.
Aún así, la unidad se mantuvo. Parte de la directiva estudiaba en una escuela y la otra parte en la otra. Nuestra graduación se llevó a cabo en el ya desapa-recido teatro Alambra. Dedicada a un excelente maestro, al que todavía recordamos con cariño; Don Perfecto Rosado. Al salir del teatro nos reorganizábamos en la plaza y partíamos nuevamente a la escuela de donde habíamos salido. Maestros, padres y amigos nos acompañaban en el desfile. Era como el último homenaje al espacio que nos acurrucó durante tres años, donde tomamos decisiones para el futuro, donde realizamos maldades al igual que en todas las épocas y de donde salimos sumamente agradecidos de aquellos maestros que creyeron y confiaron en nosotros.
Son cuarenta años de emociones, de recuerdos y de compartir experiencias y dar abrazos solidarios. Nuestros hijos y nietos participan y nos sirven como bálsamo sanador para recordarle a la sociedad, que nuestra juventud no estuvo perdida al igual que no están perdidas las nuevas generaciones. La generalización no es muy buena amiga de la objetividad y en el momento que nos tocó vivir nuestra juventud, no fue fácil, pero tampoco imposible. El estímulo y el positivismo necesitan más espacio y menos censura.
El día 29 de junio del presente año, nos vamos a reencontrar en el Club de Pesca Cidreño. Somos una sola clase, sin títulos, sin distanciamiento social, sin prejuicios, políticos o religiosos, sin nada que detenga la unidad que ha prevalecido durante décadas: Simple y con orgullo: Somos la Clase Graduada del 1968, de las Escuelas Jesús T. Piñero Y Luis Muñoz Iglesias, de nuestro querido pueblo de Cidra.
Allí nos veremos.
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