8 de mayo de 2008 | Edición 618

Manuel A. Rivera Sánchez
“PAPO EL BARBERO”

Por: Pablo Centeno Rivera (Pablin)
Centenopablin@.gmail.com

En sus años de juventud se destacó como uno de los bateadores más temibles en el béisbol aficionado de Puerto Rico. Hoy es de todo, menos pelotero, barbero, humanista, consejero, y buen samaritano. Esta es parte de la historia de sus años juveniles.

Manuel A. Rivera Sánchez (Papo) nació un 1ro de enero de 1954 en el sector Pasarell de Comerío. Fue novato del año en la doble A, durante la temporada 1971-72, jugando con el equipo de Comerío. Sus cuadrangulares kilométricos lo hicieron famoso. Criollo Estrella de la Semana, mientras pertenecía a la novena de Aibonito, que para la época jugaba en Caguas y “come back del año” jugando con el equipo de Las Piedras. Sus mejores credenciales eran su rapidez, marcaba 11.2 segundos en cien metros, poder ofensivo, consistencia en el bateo y buen jardinero central. Por cosas del destino se lastimó una pierna un viernes y el domingo iba a ser firmado en el profesionalismo.

Papo recuerda sus hazañas jugando doble A con Comerío junto a Sigfredo (Chuma) Alicea, uno de los mejores lanzadores de todos los tiempos en el béisbol aficionado, Antonio (Tony) Fontánez destacado primera base e inmortal del béisbol, Jesús (el Afeitáo) Hevia también estrella del campo corto y Esteban (El Nene) Ortiz efectivo lanzador y bateador de 500 hits en la pelota dominguera. Eran otros tiempos, dice nuestro amigo, recordando que cobraba tres ($3.00) dólares de dieta. Una de sus anécdotas fue cuando jugando de Comerío, en la Liga Central, su equipo bateó 18 jonrones. Néstor Morales, el inmortal, conectó uno y yo pegué otro, seguimos bateando en la entrada, viene Néstor y la saca de nuevo, luego yo también la desaparecí, cuenta.

Papo, recuerda con tristeza su lesión en la rodilla que le impidió llegar a grandes ligas y el que su equipo de Comerío, de la época, le negara una segunda oportunidad; luego su recuperación. Pablin, me dice, en una ocasión “El Chuma” estaba lanzando y por un error le empataron el juego. Cuando llegó al camerino, empezó a romperlo todo y maldecir. Le dije: Cállate la boca que por mi madre y por tí la voy a sacar. Pablin, me tocaba el turno al bate y por suerte metí un jonrón para ganar. Papo tiene su barbería en nuestro pueblo. Allí ha escrito otra historia, la de buen samaritano. Se levanta tempranísimo, prepara café para el pueblo y recorta a los pobres hasta fiao. Mientras realiza su oficio, no para de contar hazañas, los demás nos quedamos escuchando las proezas de una gloria del béisbol AA, cristiano practicante, un comerieño inmortal.

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