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8 de mayo de 2008 | Edición 618 |
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Las veces que hemos escuchado sobre el tema de fraude electrónico pensamos que se trataba de algo que no podía llegar a nosotros, en fin no veíamos ese hecho como una posibilidad real. Nada más lejos de la realidad aunque se haga difícil creerlo. El fraude electrónico llegó para quedarse, solo nos queda protegernos del peligro del mismo.
En los últimos años llegó a la vida del ciudadano común y corriente el fraude a través de tarjetas de crédito. La primera advertencia que se dejó saber fue la de no utilizar la tarjeta en compras electrónicas a menos que esa compra fuera a través de protecciones internas. Se nos dejó saber que no perdiéramos de vista la tarjeta en el trámite de pago. En principio el público no tomó el asunto en serio, lo cual significó un negocio lucrativo de manera inmediata, aumentando los fraudes de tarjetas de crédito. Dicho aumento significó una mayor vigilancia de las instituciones bancarias, los usuarios y de los comercios. Ante esta situación se le complicó un poco el negocio al equipo de los malos, los cuales no se podían quedar de manos atadas y buscaron alternativas. Una solución que encontraron estas personas fue mantenerse en el negocio de las tarjetas de crédito, pero entrar al fraude de las tarjetas de débito a través de las ATH. Esto sin lugar a dudas es más complicado ya que hay que incluir a más personas en el proceso de la ilegalidad.
En el esquema de las ATH está el que monta el negocio, está el que consigue los datos electrónicos de la tarjeta y los números secretos, está el que fabrica las tarjetas conocidas como clones, está el que vende la tarjeta o el que contrata el uso de esta con otra persona y están los que la usan. El cabecilla planifica, invierte, no se deja ver y busca alternativas de negocios, siendo las preferidas, contratar a una persona que trabaje de cajera o cajero en un “Fast Food” o gasolinera. A esta persona se la entrega un aparato electrónico del tamaño de una caja de fósforo, el cual almacena la información de mil tarjetas. La persona a cargo del cobro al tratarse de una tarjeta de débito procede a realizar el cobro y a la vez pasa la tarjeta por el aparato mencionado y en ese momento queda grabada toda la información del dueño de la tarjeta, excepto el número secreto. Para obtener el número secreto, la persona a cargo del cobro tiene dos alternativas sospechosas. La primera es sostener la cajita donde se marca el número secreto mientras el cliente lo marca y la segunda es mostrar un claro interés visual y en ambos casos tiene que anotar el número en un papel. La excusa de que el cable se enreda o está corto es altamente sospechosa. Usted como cliente tiene el derecho de solicitar privacidad al marcar su número y observar en todo momento su tarjeta mientras está en las manos de quien cobra. La excusa de que hay que usar la otra máquina, la cual no está a su vista no es justificada, por lo cual usted tiene total derecho de acompañar la persona a procesar el pago. En el caso de las gasolineras, los que acostumbran llenar el tanque tienen que entregar la tarjeta mientras llenan, pero de ahora en adelante deben eliminar eso como una práctica responsable. Es muy importante saber que en esta cadena la información de cada tarjeta guardada equivale a unos $15.00 a $25.00 para quien hizo esa gestión, la cual tiene que ir acompañada de poder haber visto y copiar en un papel de orden numérico el número secreto. A esos efectos cuidado con el reflejo de su número secreto en sus espejuelos. Al momento que se ha obtenido la información electrónica y el número secreto de una tarjeta, el próximo paso es fabricar la tarjeta y una licencia de conducir con el nombre que se colocará en la tarjeta. El propósito de la licencia es por si piden identificación ante un débito que se vea como muy alto como por ejemplo la compra de vehículos, enseres electrónicos y así por el estilo. Esto está resultando ser un negocio muy lucrativo y altamente organizado. Si no lo cree imagínense lo que ocurriría si a su cuenta le dan un tumbe a principio de mes, ahí precisamente cuando usted realiza sus pagos o qué ocurriría si en una planificación en un mismo día se comete fraude a veinte mil personas a $10,000.00 cada una. Esta situación hay que verla como algo real, por lo cual tenemos que ser cuidadosos al utilizar nuestra tarjeta ATH.
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